Viajes con un extra de picante…

Viajes con un extra de picante…

Viajar es una pasión. Muchas personas viven para calzarse las bambas y cargar la mochila a la espalda y perderse en ciudades que quizás ni contemplaban visitar hace unos años. Ése es el encanto del viaje: el descubrimiento, la aventura de no saber qué vas a hacer y, sin embargo, entregarte a ello sin reservas. 

Existen mil motivos para viajar y mil tipos de destinos distintos. Hay quien viaja para descubrir museos y cultura, quien lo hace atraído por una naturaleza salvaje, a quien la gastronomía le resulta un atractivo irrefrenable, quien busca relaciones en exóticos parajes

Porque, en efecto, el sexo puede ser un gran aliciente extra.

Sexo de viaje, el turismo más intenso

El sexo on the road o ya en el destino son dos potentes imanes. Entre sus mayores atractivos: la improvisación, lo desconocido, que esté fuera de planes. Porque cada uno en su entorno natural sabe cómo moverse, qué bares frecuentar para tener relaciones esporádicas o dónde contratar escorts para tener un sexo de pago de categoría.

Pero en entorno ajeno, ¿qué hacer? ¿Dónde hacer que la pasión aflore?

Los bares de hotel son buenos puntos de partida. Están frecuentados por gran cantidad de viajeros internacionales, por gente joven o más madura que puede haber cogido la mochila solo/a como tú, viajeros empedernidos con ganas de conocer nuevos lugares y nuevas personas, y con los que entablar una conversación (y que ésta lleve a algo más) puede ser más fácil de lo que parece. Todo está en intercambiar las primeras palabras y ver si surge el resto.

Los albergues o pensiones baratas son también excelentes lugares para que el sexo ponga la nota final a la noche. Es evidente que no son hoteles de cuatro estrellas pero sí son la casa natural de los mochileros, y este perfil es el de un viajante al que le encanta compartir y conocer, Los espacios comunes como la sala de la TV o el comedor, donde te sientas a desayunar con alguien que no conoces, son grandes lubricantes de las relaciones sociales. Y no todo queda en el hostel, claro. Los grupos de viajeros suelen ir a bares, discotecas, a hacer turismo más de relax por la noche… y es muy fácil apuntarse a un plan que acabe en tórrida escena.

Pero a veces ni siquiera hace falta llegar a destino para que la pasión se desboque. Un interrail o un ferry o un avión… suelen tener compañeros de viaje que pueden llamar a los instintos más primarios. A veces no hace falta ni hablar ni conocerse demasiado: dejar que la química haga el papel es una muy buena forma de comenzar un viaje.

Y tú, ¿has tenido alguna de estas experiencias de viaje intenso? ¡Esperamos tus comentarios!

 

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