Volando con la Off-Shore en el Golfo de León

Volando con la Off-Shore en el Golfo de León

Una brisa fresca vestida de sal alojada en un amanecer cuyo crisol de colores es una bendición para el ojo me recibe con la sorpresa del sonido de las hélices surcando un Mar Mediterráneo de extraordinaria belleza. No es difícil divisar en el horizonte uno de esos antiguos juncos a vela con los que los fenicios convocaban pasos de gigante hacia la modernidad.

Ahora los potentes motores Mercury de esta Off-Shore parecen silenciarse ante tanta sublime grandeza. Este segundo trazado dibuja el camino desde la isla de Mallorca hasta las costas catalanas para posteriormente ir enfocando el siempre complicado Golfo de León. La noche anterior, el trazado unía el puerto de Ibiza con el de Mallorca, una verdadera delicia con la compañía de delfines incluida. Pero un trayecto suficiente para poder percibir la grandeza del mar y la libertad de la navegación.

El objetivo es Saint Tropez, y me han dado la posibilidad de tomarme toda una semana para poder cumplir con el cometido. Por otra parte, las previsiones meteorológicas preveían temporal Este/Oeste hacia el tercer día coincidiendo con mi salida. En lo que se refiere al trayecto Ibiza-Palma y Palma-Península, no debía variar nada porque la salida hacia la Península debía hacerse con la primera luz, además sabía que podría ir cazando la estela del gran Balearia.

Los pasajeros me saludaban desde la popa del barco que se ve inmneso desde una Off-Shore de nueve metros. Me estaba ralentizando y debía hacer marcha para que la noche no segolfo de león me echara encima, poder llegar a puerto y descansar lo más posible para el día siguiente, para el Golfo y para la duda de lo avanzado del temporal pues si llegaba tarde me hubiera obligado a detenerme en la costa durante días y si la previsión no era tan exacta y me encontraba con el temporal encima, el Golfo de León me pasaría factura igualmente. El parte o boletín siempre avisa de que las ráfagas y alturas de las olas pueden ser mayores de las previstas o indicadas. Los vientos del Golfo, violentos y sorprendentes, de ahí su nombre. Siempre hay que hacer caso a la nariz del viajero y navegante, esa intuición que conecta con los recodos más recónditos del corazón cuando hay que tomar una decisión que implica consecuencias mortales. Yo no llevaba vela en caso de avería de los motores.

Nuevamente el amanecer. Un amanecer sublime. Tan sublime como inquietante y por ello extraordinario. Salgo del puerto lo más rápidamente posible y siento el mar nervioso bajo los pies. Por tanto, en dirección hacia Marsella y Toulon, pero intentando evitarlas enfocando directamente hacia Sant Tropez a todo motor. Suena en mis oídos el recuerdo de aquella canción de los “mariners de Calella” mientras voy costeando Blanes, Sant Feliu, Palafrugell, preparando ya el gran salto y momento de tomar la decisión.

Sé que hay que lanzarse y que el tiempo es oro. Nada de dudas. Observo que los pescadores están virando hacia sus puertos mientras el mar está cada vez más bravo. En esta zona es mala señal pues todo cambia rápidamente. Huele a temporal y como me temía, antes de lo que anunciaba el boletín. Ya he tomado la decisión. Tocará navegar de pie durante horas, así que compruebo indicadores, me visto el forro polar y cortavientos, y me ajusto el cinturón. Yo sé que los pescadores me están observando. Otro loco insensato. No tengo tiempo de divagar y soñar con el encuentro con los Pirineos o el delta del Ródano. Sólo la Off-Shore y yo. La Off-Shore, nada más que un granito de arena en la inmensidad del mar, un puntito insignificante entre las olas cuyo tamaño ya comienza a ser más que considerable. Voy a gastar mucha gasolina entre ir reduciendo y acelerando para ir batiendo contra las olas que se me vienen encima, y aunque en puerto reposte lleno, siempre queda un susto en el cuerpo. La cosa está fea y estiro de la faja. Ahora la lancha salta y el sonido de las hélices en el aire parece detener el tiempo en su distancia con el agua. Soy consciente de que podría quemar los motores, lo que sería el final, mi encuentro con Aquiles.

Los motores van aguantando mientras la exigencia física es cada vez mayor. WOW! la Off-Shore está volando y caigo en la cuenta de que ha sido una pena olvidarme la cámara en Ibiza. El comportamiento de la lancha está siendo increíble concediéndome en pleno temporal un momento epifánico. Poco a poco, gracias a la concentración, me doy cuenta de que no he sido muy consciente del paso del tiempo…voy observando algunos claros en el horizonte… La costa está cerca y ahora ya sé que lo he conseguido… Llego a puerto con un solo motor… La electricidad del otro falló a unas cuantas millas del puerto de Saint Tropez, en cuyo puerto me están esperando.

Feliz por ver su barco, el dueño del mismo me dice que estoy más loco que una cabra, que me invita a cenar y que vamos de fiesta. Mientras voy atando los cabos me doy cuenta de que me tiembla todo el cuerpo y de que estoy hecho polvo.

Tal vez ha sido un riesgo demasiado grande esta vez, pienso en el avión de vuelta de Niza a Barcelona. Sí, tal vez, pero ha sido la leche volar con la Off-Shore cruzando el Golfo de León!

La experiencia real de un Patrón de Embarcaciones de Alquiler  (HopYachts.com)

Autor: Gabriel Torres Chalk

 

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